… SE SUSPENDÍA EN EL AIRE Y DE PRONTO, ¡ZAS!, FRENTAZO Y GOL

En la jornada dominguera, cuando el mundo futbolero esperaba la final de la Copa América, Resistencia vivía una jornada lluviosa, gris y fría, muy contraria a lo que el corazón sarmientista – cálido, soleado y colorido – está acostumbrado.

Dolor en Sarmiento: falleció Ramón “Japonés” Robledo

En la jornada dominguera, cuando el mundo futbolero esperaba la final de la Copa América, Resistencia vivía una jornada lluviosa, gris y fría, muy contraria a lo que el corazón sarmientista – cálido, soleado y colorido – está acostumbrado. Parecía que solo restaba la llegada del partido, cuando la realidad se puso aún peor, ya que los mensajes y llamados telefónicos fueron letales: luego de una larga y extensa lucha, falleció el “Japonés” Ramón Robledo.

Rápidamente la noticia se expandió por las redes sociales y grupos de WhatsApp aurirrojos. La congoja se multiplicó, el aguacero trajo nostalgia y no tardaron en llegar anécdotas futboleras y de las otras, donde se recordaba al querido Ramón. Fue justamente esa cantidad de mensajes lo que ayudaron a ratificar a este escriba, que estábamos ante la pérdida física de uno de los jugadores más queridos por la popular sarmientista de los últimos 50 años.

Es que si bien el “Japo” no nació futbolísticamente en Villa Alta, al llegar tan temprano, luego de haber estado un año en Racing con sólo 20 años, ese enorme delantero y goleador abrazó con pasión y amor la casaca Aurirroja.

Nacido en La Leonesa pero afincado en Puerto Tirol, lugar donde formó y tuvo a su hermosa familia, Robledo la rompió de adolescente en Independiente Tirol para pasar a la Academia de Avellaneda para finalmente regresar al Chaco – “extrañaba demasiado”, contó – y enfundarse con los colores sangre y oro.

Los que lo vieron señalaron que fue un atacante excepcional, compadre de grandes delanteros como el “Loco” Maidana, “Pichón” Barrientos, “Pacha” Rivero, Heriberto Báez, Abel Linares y muchos más. Al tiempo que inflaba redes con su potencia goleadora, formó su familia junto a María Cristina. De allí vinieron Romina Verónica y Alejandro (o “Gringo”), quien siguió sus pasos futboleros por el Decano, que hoy cobija a su nieto Santiago – además es abuelo de Enzo y Erik –.

En 2012, en la previa del partido de Sarmiento con Racing por la Copa Argentina, Robledo recorrió el Centenario y recordó lo que fue el Decano en su vida. “Me vine de Buenos Aires porque no me hallaba, y por suerte me pasó lo mejor de mi carrera: apareció Sarmiento”, señaló emocionado, al tiempo que admiraba el nuevo estadio, sentado en una butaca.

Robledo paseó su fútbol por otros equipos, como Newell’s y Juventud Antoniana de Salta e incluso desde Independiente Tirol llegó a cruzarse de vereda para jugar un Regional con For Ever, aunque su destino y su deseo estaban escritos en rojo y amarillo. “Haber jugado con los primos fue raro, pero siempre supe que quería estar en Sarmiento y hasta el día de hoy, es lo más importante que me pasó en mi vida deportiva. Siempre digo que así como Racing me ‘pegó’ a nivel nacional, de Sarmiento me enamoré al instante”, recordó en aquella ocasión.

El Japonés tenía solo 65 años, entre las muchas características que hoy se multiplican para recordarlo, señalan su gambeta potente y su capacidad goleadora, pero hay algo en los que todos coinciden, su facilidad para el salto y el cabezazo. “Era como esas películas de ahora, con efectos especiales, porque el tipo saltaba y parecía que todo era en cámara lenta hasta llegar arriba; cuando estaba en la cima, se suspendía en el aire y de pronto, otra vez con velocidad normal, ¡Zas!, frentazo y gol… ¡Un fenómeno!”, señalan.

En 2012, Ramón también expresó un deseo. “Me gustaría jugar a la pelota acá, aunque sea 20 minutos, pero la verdad es que me duele hasta caminar… capaz cuando mejore un poco pueda cumplir ese sueño”, se excusó. Ya en 2016, hace pocas semanas, fue homenajeado por la Familia Aurirroja; y junto a Nelson Martínez y “Pichón “Barrientos recibió una placa de reconocimiento por su trayectoria. En esa noche, este escriba llegó tarde, y mientras ya todos corrían tras la pelota, ya con secuelas de su deterioro físico, lo vi sentado, visiblemente emocionado. Me miró y me acerqué. Tras saludarlo, y ante el cálido abrazo, me dijo: “Esto también es parte de un sueño”…

Estimado Ramón, se que estarás allá, como muchos sarmientistas que se fueron antes, jugando ese gran partido de Glorias Eternas. En nombre de toda la Comisión Directiva y de la Gran Familia Aurirroja, Descansá en Paz, Japo querido. (DD)